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Nadando con tortugas en Filipinas después de arrasar en el buffet libre: ¡error!

Una escapada a Filipinas entre tortugas, buffets y el choque entre libertad y turismo organizado.

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Cuando decidí acompañar a Félix a Filipinas, tenía en mente ese sueño de conectar con la naturaleza en su estado más puro, alejarnos de la masificación y respirar la autenticidad que solo los rincones menos transitados pueden ofrecer. Filipinas, con sus aguas turquesas y playas que parecen sacadas de un sueño, parecía el destino ideal para esta aventura exprés de fin de semana. Pero ya al aterrizar en Puerto Princesa, en Palawan, comprendí que no todo iba a fluir con la calma y el silencio que tanto valoro.

El ansia del descubrimiento y el choque con la realidad

Puerto Princesa es la puerta a la maravilla natural que es Palawan, un lugar que para muchos es sinónimo de paraíso terrenal. A nosotros, como guías de Nomadizers, nos gusta dejar atrás las rutas trilladas, pero esta vez, Félix y yo nos dejamos llevar por una experiencia muy “turística”: un buffet libre en un hotel con vista al mar, donde el olor a mariscos frescos y platos exóticos me tentó como pocas veces. “La comida es lo que une a las personas”, me repetía Félix, con su sonrisa picarona y su eterna hambre de descubrir nuevos sabores.

Devoramos casi todo, desde el adobo filipino hasta el lechón crujiente, pero lo que comenzó como un placer se convirtió rápidamente en un error. Me sentí pesada, lenta, desconectada de mí misma. “Eso será un problema para la Lena del futuro”, pensé en silencio, sintiendo que la ligereza y calma que suelo buscar en mis viajes se evaporaban con cada bocado.

Al día siguiente, la excursión para nadar con tortugas en el Parque Marino de Honda Bay fue el motivo para reconciliarme con el viaje. Desde el puerto de San Pedro Street, una barca nos llevó a pequeñas islas. La belleza del agua cristalina, las tortugas que nadaban cerca, y la naturaleza salvaje me devolvieron el alma. Sin embargo, el recorrido estaba tan estructurado y lleno de turistas que sentí que aquella conexión profunda que anhelaba era imposible.

Los operadores turísticos cobran alrededor de 1200 pesos filipinos (unos 20 euros) por este tour, un precio razonable, pero la sensación de “viaje enlatado” me incomodaba. Félix, en cambio, no perdía la oportunidad para sacar su cámara y capturar cada plato de comida local que probaba en los puestos callejeros de Rizal Avenue al regresar.

Intenté refugiarme en el silencio y en la práctica de yoga al amanecer en la playa de Nagtabon, un lugar mucho más tranquilo y salvaje, donde la arena dorada y el rumor de las olas parecían limpiar el malestar del día anterior. Pero el peso de la rutina turística, de horarios estrictos y lugares saturados, me hacía cuestionar el sentido de esta escapada rápida.

La contradicción entre mi búsqueda espiritual y la realidad del turismo masivo era evidente. Filipinas tiene un alma salvaje impresionante, pero sus destinos más accesibles están invadidos por visitantes que buscan experiencias “fáciles”, que se adaptan a agendas llenas y poco flexibles. ¿Dónde queda entonces la autenticidad, el silencio, el ritmo pausado que tanto necesito?

Viajar es buscar paz, y en Filipinas aprendí que a veces hay que soltar el control para encontrarla.

— Lena, la guía bohemia

Entre la decepción y la esperanza

El último día, mientras paseaba por la calle Rizal en Puerto Princesa, intentando escapar del bullicio y encontrar algún rincón escondido, me encontré con una pequeña tienda de cerámica artesanal. Allí, rodeada de piezas hechas a mano, sentí una chispa de esperanza. La dueña, una mujer local, me habló con tanta sencillez y calidez que por un momento volví a sentir esa conexión genuina que buscaba.

En ese instante, entendí que Filipinas no es un destino fácil para viajeros como yo, que prefieren dejarse llevar por la naturaleza y las vibraciones auténticas. Pero también comprendí que, con paciencia y apertura, aún es posible descubrir esos rincones que alimentan el alma.

Félix, por su parte, terminó el viaje enamorado de los sabores callejeros de Puerto Princesa y con varias historias para contar sobre el lechón y el halo-halo, su postre filipino favorito. “¿Postre? ¿Eso es una pregunta?”, me dijo con una sonrisa cómplice. Su alegría contagiosa me recordó que viajar es también adaptarse y disfrutar, aunque sea en pequeñas dosis.

Filipinas es un país de contrastes: belleza natural desbordante y, a la vez, turismo en expansión que a veces desvirtúa su esencia. Para mí, viajar es una búsqueda interior, una forma de nutrir el alma a través del silencio, la naturaleza y la gente auténtica. Pero en esta escapada, el turismo programado y las prisas me robaron ese regalo.

Sin embargo, voy fluyendo con la vida y sé que este viaje no ha sido un fracaso, sino una lección. La Lena del futuro sabe que para hallar la verdadera magia filipina hay que ir más allá de los tours organizados, perderse en aldeas remotas, hablar con locales y aceptar que la naturaleza no se apresa.

Así que sí, Filipinas merece la pena, pero con paciencia y desde la humildad. No es un destino para escapadas rápidas con agendas apretadas ni buffets sin medida. Es un lugar para caminar lento, para dejarse llevar por la calma que ofrece su jungla, sus islas escondidas y la sabiduría de su gente.

Aún sueño con regresar a Nagtabon, con acampar bajo las estrellas y nadar con tortugas en solitario, a mi ritmo. Eso será un problema para la Lena del futuro, pero hoy sé que cada viaje es una semilla que, con el tiempo, florece.

Nuestros NomaGuías te resumen los destacados de esta experiencia viajera

Lena

Top 3 lugares de naturaleza en Filipinas

  1. Terrazas de arroz de Batad (Ifugao)

  2. Archipiélago de Calamianes (Coron, Palawan)

  3. Monte Pulag (Luzón)

Félix

Top 3 lugares para comer en Filipinas

  1. Locavore (Manila)

  2. Rene Saigon (Puerto Princesa, Palawan)

  3. Kantō Freestyle Breakfast (Makati / Mandaluyong)

Pam

Top 3 lugares más instagrameables de Filipinas

  1. Kayangan Lake (Coron, Palawan)

  2. Chocolate Hills (Bohol)

  3. Callejón de Intramuros (Manila)

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Darrel Steward
Darrel Steward
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