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- April 23, 2025
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Viajar para mí, Félix, es como cocinar sin receta: seguir el olfato, probarlo todo y dejar que la aventura se condimente sola. Así que cuando surgió la oportunidad de pasar un fin de semana en Vietnam, me lancé de cabeza, soñando con pho, bún chả y caos callejero.
El pequeño detalle es que viajaba con Olivia. Sí, la guía más meticulosa de Nomadizers, que planifica hasta las pausas para respirar. Yo improviso con la tripa, ella con el reloj. Lo que no imaginaba era que ese contraste, en lugar de un simple desafío logístico, acabaría siendo una lección inesperada.
El choque entre el hambre y el reloj
La primera mañana en Hanói lo dijo todo. Mientras Olivia nos guiaba como una general por el Casco Antiguo, yo me perdía (literalmente) siguiendo el aroma de unas brochetas de cerdo a la parrilla. Acabé en un puestecito donde probé bún chả que me hizo gritar entre risas: “¡Esto es lo mejor que he probado en mi vida!”. Pero claro, mientras yo babeaba entre fideos, ella estaba sola frente al lago Hoan Kiem, chequeando la hora, medio furiosa, medio preocupada.
A lo largo del viaje, cada plato que probaba me llenaba más que cualquier monumento. Bánh xèo en un callejón escondido, dulces de tapioca que parecían joyas, un café con huevo que era pura poesía. Pero cada desvío mío era un conflicto con Olivia, que intentaba seguir su hoja de ruta mientras yo rompía el guion a cada paso.
Y aunque al principio lo tomaba con humor —“la comida es lo que une a las personas”, le decía entre mordisco y mordisco—, empecé a notar algo que me incomodaba: mi forma de viajar, mi caos encantador, empezaba a tener consecuencias. En Hue, por mi insistencia en buscar un local “auténtico” para comer, llegamos tarde al transporte. Olivia estalló. No por el retraso, sino porque, según ella, “viajar contigo es como saltarte el aperitivo, el plato principal y solo quedarte con el postre”.
Me dolió. Porque tenía razón. Y porque me di cuenta de que estaba reduciendo el viaje a lo comestible, olvidando que detrás de cada ciudad había historia, cultura, y momentos que no se cocinan a fuego lento, sino que se planean con cabeza.
Vietnam no es solo un destino, es un bocado de vida, un caos que abraza y una aventura que no avisa.
Entre caos y control, un equilibrio posible
El último día volvimos a Hanói en silencio. Comimos un pho callejero sin hablar demasiado. Yo miraba el caldo, sintiéndome algo derrotado. ¿Me había pasado de espontáneo? ¿Había convertido el viaje en una persecución de platos, olvidando lo que había venido a vivir?
Fue entonces cuando Olivia rompió el hielo con una frase mágica: “¿Postre? ¿Eso es una pregunta?”. Reímos. Y ahí entendí que no estábamos tan lejos. Que ella, con su planificación, había visto cosas que yo nunca habría descubierto. Y que yo, con mis desvíos, la había hecho probar sabores que no habría incluido en su Excel. Al final, nuestros mundos no chocaban: se complementaban.
Vietnam me dejó claro que viajar no es solo comer ni solo tachar casillas. Es aprender a negociar, a adaptarte, a entender que incluso en un buffet libre, a veces conviene mirar el menú antes. Es un país tan bello como abrumador, y no se deja conquistar solo con hambre ni con mapas: exige una mezcla de ambos.
Así que sí, merece totalmente la pena viajar a Vietnam. Pero no esperes comodidad ni orden. Espera caos. Espera emociones fuertes. Espera platos que te harán cerrar los ojos y sonreír. Y también, momentos en los que vas a discutir, a perderte, a replantearte tu forma de viajar.
Yo me fui pensando que todo era gastronomía, y regresé sabiendo que también lo era el compartir, el ceder, el escuchar. Porque sí, “este plato es casi tan irresistible como tú”, pero aún más irresistible es descubrir que hasta el más improvisado necesita, de vez en cuando, un poco de planificación.
Y si es de la mano de alguien tan distinta como Olivia… mejor. Porque entre noodles y horarios estrictos, al final, sobrevivimos. Y nos llevamos un viaje que —como el mejor pho— no se olvida jamás.
Nuestros NomaGuías te resumen los destacados de esta experiencia viajera
Lugares TOP de cultura:
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Lago Hoan Kiem
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Ciudadela Imperial de Huế
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Casco Antiguo de Hanói
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Templo Ngoc Son
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Pagoda del Perfume (Chùa Hương)
Lugares TOP para comer:
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Bún Chả Hương Liên
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Dong Xuan Market
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Bánh Khoái en Le Loi Street
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Pho en el Casco Antiguo de Hanói
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Chè Ba Màu en el centro de Hanói
Lugares TOP para instagram:
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Lago Hoan Kiem
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Casco Antiguo de Hanói
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Ciudadela Imperial de Huế
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Templo Ngoc Son
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La Bahía de Ha Long (
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